DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO

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El Daño Cerebral Adquirido (DCA) es una afectación de las estructuras encefálicas en personas que no tienen problemas previos, como consecuencia de una lesión directa del tejido cerebral; lo cual conduce a una serie de cambios en su funcionamiento cognitivo, conductual y/o emocional.

Según Lapuente, López, Pardo y Rabadán, (2010), las causas más comunes de daño cerebral son:

  • Traumatismo craneoencefálico: se refiere a lesiones producidas por impacto directo sobre el cráneo con la suficiente contundencia como para afectar también al encéfalo.
  • Ictus: se refiere a las lesiones cerebrales producidas por un mecanismo vascular (Lapuente et al., 2010, p. 70).
  • Anoxias o hipoxias: la ausencia o pobre oxigenación del cerebro puede provocar muerte del tejido cerebral. La estructura más vulnerable a este tipo de daño es el hipocampo.
  • Tumores cerebrales: los crecimientos masivos del tejido cerebral pueden provocar daños más o menos graves dependiendo de la localización y la velocidad de crecimiento. Los tumores localizados alrededor del sistema ventricular, a menudo conllevan amnesia (Lapuente et al., 2010, p. 178).
  • Otras causas: enfermedades infecciosas como la encefalitis herpética, procesos víricos como el producido por el virus de la polio o envenenamiento por tóxicos que afectan al cerebro.

El daño cerebral puede afectar a todas las áreas del funcionamiento del ser humano. Los déficits dependerán del tipo de lesión, la localización y severidad inicial de la misma… así como de características propias de cada persona afectada como la edad, personalidad o capacidades previas a la lesión. Las secuelas se agrupan en cuatro dimensiones que pueden solaparse o no en una misma persona:

Déficits Cognitivos: de memoria, atencionales, alteraciones del lenguaje, alteraciones del pensamiento formal, resolución de problemas y regulación de conducta propositiva o dirigida a metas. En definitiva, puede verse afectada la capacidad de pensamiento, toma de decisiones y control consciente de la conducta.

Déficits físico-motores: Alteraciones del equilibrio, incapacidad para la bipedestación, incapacidad para la marcha, limitaciones en el movimiento de una o varias extremidades o del control del tronco y cabeza, temblores, falta de sensibilidad y movilidad fina en miembros del cuerpo e incluso pérdida parcial o total de alguno de los sentidos.

Alteraciones de la comunicación: Cuando son alteraciones físicas se ve comprometida la expresión oral (pérdida del control de los músculos fonoarticulatorios), escrita (pérdida de control de los miembros superiores) o de la comprensión (pérdida de la capacidad de audición o interpretación de sonidos). O alteraciones de los procesos del lenguaje sin afectación físico-motora (comprensión o expresión) llamadas afasias.

Alteraciones conductuales y/o emocionales: asociadas con cambios de carácter o personalidad. El origen de las alteraciones conductuales se podría considerar de dos formas: Falta de inhibición (desinhibición conductual) o exceso de inhibición (lo que da lugar a apatía, agotamiento, letargo y labilidad y hermetismo emocional).

Además, una característica frecuente en las personas con DCA es su falta de conciencia de los déficits derivados de la lesión (anosognosia), sobre todo cuando se tratan de alteraciones cognitivas y emocionales. Esto puede dar lugar a que la persona rechace la ayuda que se le ofrece.    

Esta diversidad en las secuelas tras sufrir un DCA, hace imprescindible una evaluación individualizada previa al inicio de la rehabilitación (Azabou et al., 2017). Para que la evaluación sea completa debemos recurrir a la neuropsicología, una ciencia que estudia las bases neurológicas de los procesos psíquicos. Así, la evaluación neuropsicológica permite detectar los déficits en atención, memoria, velocidad y personalidad que en muchos casos son la causa de los fracasos académicos, profesionales, socioculturales y sociofamiliares de las personas que sufren daño cerebral. De tal manera que trazaremos un historial detallado de la enfermedad basado en entrevista clínica con especial hincapié sobre el estilo y calidad de vida. Luego se deben emplear instrumentos de screening que aíslen la zona y las principales funciones dañadas (Test de Wisconsin o batería de pruebas de Barcelona). Una vez aislada la causa principal del daño cerebral acotaremos la zona principalmente afectada gracias a: cuestionarios de personalidad (Millon, BFQ), inteligencia (WAIS), pruebas de memoria (WMS) o lenguaje (Test del Diagnóstico de la Afasia de Boston o la Batería de la Afasia de Western) coordinación motora, funciones ejecutivas superiores (Wisconsin, Stroop), etc. Con los resultados de estas pruebas se elaborará un informe completo de la situación actual de la problemática que es el que se utilizará como base del futuro tratamiento.

José Antonio Picazo Aroca

Doctorando en Neurociencia

Referencias bibliográficas

Azabou, E., Fischer, C., Guerit, J. M., Annane, D., Mauguiere, F., Lofaso, F. y Sharshar, T. (2017). Neurophysiological assessment of brain dysfunction in critically ill patients: an update. Neurological Sciences, 1–12. https://doi.org/10.1007/s10072-017-2824-x

Lapuente, F. R., López, M. del P. S., Pardo, M. y Rabadán, M. J. (2010). Neuropsicología. pp. 362. Murcia, Spain: Diego Marín.

 

 

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