¿ES EL SER HUMANO AGRESIVO POR NATURALEZA?

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La agresividad es una conducta innata que se pone en marcha de forma automática ante determinados estímulos, cesando ante la presencia de inhibidores muy específicos (Sanmartín, Gutiérrez, Martínez y Vera, 2010). La agresividad se encuentra muy arraigada en la estructura psicobiológica del organismo, por evolución filogenética de la especie (Echeburúa, 2010). Supone la capacidad de respuesta adaptativa que presenta el organismo ante los peligros que proceden del exterior, fomentando su capacidad de supervivencia y por tanto formando parte de las estrategias de afrontamiento que posee.

Por un lado, algunos investigadores han mostrado diferentes formas de agresión entre animales en función de las formas de la situación- estímulo que las provoca. Por ejemplo, la agresión depredadora (ante la presencia de una presa natural), la agresión antidepredadora (ante la presencia de un depredador), la agresión irritable (ante la presencia de cualquier organismo y objeto atacable), etc. (Montagu, 1981).

Por otro lado, estudios realizados con niños permitieron establecer una diferenciación entre la agresión proactiva (motivada por una recompensa externa caracterizada por conductas agresivas instrumentales tales como la coerción, dominación, etc.) y la agresión reactiva (respuestas inmediatas ante una conducta o un comportamiento que es percibido como amenazante) (Dodge y Coie, 1987; Dodge, 1991).

Del mismo modo, cabe destacar que existen ciertos comportamientos agresivos que según el momento en el desarrollo evolutivo en el que aparezcan pueden ser considerados como apropiados o inapropiados (Cerezo, 1998) por ejemplo, las rabietas de genio disminuyen progresivamente, aumenta la tendencia a vengarse como respuesta a un ataque o  frustración a partir de los 3 años, etc.

En función del carácter intencional, una conducta podrá ser interpretada como agresiva o no en función de la atribución dada según la experiencia subjetiva. A este respecto, puede ser que la acción recibida se sienta como un daño causado intencionadamente (“agresión percibida”) o según quien la realiza (“agresión realizada”) cuando se proporciona dicha intencionalidad. Podemos encontrar: actos violentos realizados con la intencionalidad de hacer daño y percibidos como tal; actos con un daño involuntario pero percibidos con carácter intencional y actos realizados con la intencionalidad de hacer daños pero la conducta no ha sido valorada como tal o bien no consigue ese objetivo (Calvo y Ballester,2007).

Llegados a este punto, es necesario remarcar que Berkowitz (1996) consideraba la violencia como una forma extrema de agresión, es decir, un acto premeditado de causar daño físico grave. A este respecto, cabría afirmar que la frontera existente entre agresión y violencia se sitúa en el criterio del daño físico (Tobeña, 2003).

Asimismo, según Sanmartín (2006) “el ser humano es agresivo por naturaleza, pero pacífico o violento por cultura” (p.21). Esto supondría que no existiría violencia si la existencia de la cultura y por ello, no se puede aceptar que seamos violentos por naturaleza. La violencia sería fruto de la interacción entre la agresividad natural y la cultura. Existirían varios criterios de clasificación de la violencia: según la modalidad (puede ser intencionalmente activa o pasiva), el tipo de daño causado (violencia física, psicológica, sexual, económica,…) y según el tipo de víctima (violencia contra la mujer, violencia contra los niños, violencia en la escuela, etc.) (Sanmartín et al., 2010).

Las investigaciones llevadas a cabo por Bandura, Ross y Ross (1963) mostraron que los menores imitaban a modelos filmados que eran violentos (por ejemplo, el experimento del muñeco Bobo) incluso la influencia era mayor si lo visualizan sin la presencia de los progenitores. A largo plazo la conducta violenta era mayor para el uso de los videojuegos que para la televisión (Huesman, 2007).

Ello supone que en algunos menores la violencia se debilita y se socializa, mientras que en otros se mantiene e incrementa con la llegada de la adolescencia (Del Barrio, 2010), durante la cual se pueden originar conductas violentas más intensas y con mayor peligrosidad como por ejemplo, la pertenencia a una banda o tribu urbana violenta.

Referencias bibliográficas

Berkowitz, L. (1996). Agresión. Causas, consecuencias y control. Bilbao: Descle de Brouwer

Calvo, A.R. y  Ballester, F. (2007). Acoso escolar: procedimientos de intervención. Madrid: Eos.

Cerezo, F. (1998). Conductas agresivas en la edad escolar. Madrid: Pirámide

Del Barrio, M.V. (2010). Violencia juvenil. En J. Sanmartín, R. Gutiérrez, J. Martínez. y J.L. Vera, Reflexiones sobre la violencia. (256-273). México: Siglo XXI: Centro Reina Sofía

Dodge, K.A. (1991). The structure and function of reactive and reactive aggression. En D.J. Pepler y K.H. Rubin (Eds.): The development and treatment of childhood aggression (pp. 201-218). Hillsdale, NJ: Erlbaum.

Dodge, K.A. y Coie, J.D. (1987). Social-information-processing factors in reactive and proactive aggression in children’s peer groups. Journal of Personality and Social Psychology, 53(6), 1146-1158

Echeburúa, E. (2010). Las raíces psicológicas de la violencia. En J. Sanmartín, R. Gutiérrez, J. Martínez. y J.L. Vera, Reflexiones sobre la violencia. (34-43). México: Siglo XXI: Centro Reina Sofía

Huesmann, L. R. (2007). The impact of electronic media violence: Scientific theory and research. Journal of Adolescent Health, 41, S6-S13

Montagu, A. (1981).La naturaleza de la agresividad humana. Madrid: Alianza Universidad.

Sanmartín, J. (2006). La violencia y sus claves. Barcelona: Ariel

Sanmartín, J., Gutiérrez, R., Martínez, J. y Vera, J.L. (2010). Reflexiones sobre la violencia. México: Siglo XXI: Centro Reina Sofía

Tobeña, A. (2003). Anatomía de la Agresividad Humana. De la violencia infantil al belicismo. Barcelona: Random House Mondadori

 

 

Inmaculada Méndez Mateo. Doctora en Psicología. Profesora en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Murcia y en ISEN Centro Universitario adscrito a la Universidad de Murcia. 

Coordinadora de Blog de AMUNE (Asociación Murciana de Neurociencia)

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