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La visión de los carbohidratos (HC) como principal enemigo de la pérdida de grasa, está cada día más arraigada tanto en la población general como en los aficionados al fitness que desean alcanzar una mayor definición muscular.

Los efectos en los índices de grasa corporal tras una importante reducción en la ingesta de HC, son innegables. Sin embargo no debemos olvidar que estamos hablando de un macronutriente esencial para el correcto funcionamiento de todo nuestro organismo y que un consumo deficiente de éste puede tener costes en nuestra salud y bienestar tanto a corto como a largo plazo.

Generalmente las dietas orientadas a la pérdida de peso han sido relacionadas con cambios de humor, depresión, mayor preocupación por el cuerpo y un deterioro en la cognición (Gibson y Green, 2002). Ahora explicaremos brevemente algunos de los mecanismos que están influyendo en estas consecuencias indeseadas.

Alteración de las funciones cognitivas

El principal combustible de nuestro cerebro es la glucosa, monosacárido que obtenemos mediante los HC que ingerimos, por lo tanto, el cerebro va a experimentar consecuencias relacionadas con la fluctuación de los niveles de glucosa en sangre (McCall, 2002). Dichas fluctuaciones pueden ser provocadas por cambios en la proporción de HC que constituye nuestra dieta.

Nuestro organismo almacena la glucosa de manera limitada en forma de glucógeno, del cuál se volverá a obtener glucosa cuando el organismo lo requiera (Figura 1a). En ausencia de una dieta con suficientes HC y tras vaciar las reservas de glucógeno, el cuerpo comenzará a metabolizar la grasa en cuerpos cetónicos, que serán usados por nuestro cerebro a modo de combustible en sustitución de la glucosa aunque sin ser tan efectivos como esta (Figura 1b.)(D’anci, Watts, Kanarek y Taylor, 2009). Este proceso de lipólisis conseguida por la cetosis es la clave fundamental de la bajada de peso en las dietas deficientes de HC.

Figura 1. A-) Obtención de energía en una dieta equilibrada. B-) Obtención de energía en una dieta con déficit de carbohidratos.

Estudios demuestran que la hipoglucemia empeora la función cognitiva, afectando sobre todo al rendimiento de la memoria (Brody, Keller, Degen, Cox y Schächinger, 2004; D’anci, Watts, Kanarek y Taylor, 2009; Schächinger, Cox, Linder, Brody y Keller, 2003).

Alteraciones en el estado emocional

Encontramos evidencias claras de que los niveles de aminoácidos precursores de la síntesis de neurotransmisores, están muy implicados en los trastornos afectivos, como por ejemplo la depresión, y que estos pueden depender de la cantidad de HC y proteínas de nuestra dieta.

Una de las peculiaridades de las dietas bajas en HC, es que además suelen ser hiperproteicas, por varias razones, principalmente porque si aumentamos la ingesta de proteínas, podremos mantener una dieta hipocalórica, con sus respectivos beneficios en relación a la pérdida de peso, sin sentir demasiada hambre,  consecuencia que se vería paliada por el comprobado efecto saciante de las comidas altas en proteínas (Bertenshaw, Lluch y Yeomans, 2008; Poppitt, McCormack y Buffenstein, 1998). Por otra parte al ingerir más cantidad de este macronutriente específicamente, favoreceremos el proceso de cetosis, anteriormente mencionado, dando como resultado una disminución del índice de grasa corporal debido a la consecuente lipólisis.

Concretamente, la síntesis de serotonina (5-HT), depende del triptófano (TRP). Este aminoácido compite con otros para ser transportado hacia el cerebro. Si una comida tiene un contenido proteico bajo, entonces serán relativamente pocos los aminoácidos absorbidos. Al mismo tiempo, cuando ingerimos HC, la propia insulina va a estimular la captación de aminoácidos como valina, leucina e isoleucina del torrente sanguíneo, todos competidores con el transporte del triptófano hacia el cerebro. De este modo, la ratio TRP:LNAA (cantidad de TRP con respecto al resto de aminoácidos esenciales) aumentará, favoreciendo la llegada del TRP al cerebro (Fernstrom, 1983; Yokogoshi y Wurtman, 1986).

Si por el contrario, ingerimos una comida alta en proteínas, más aminoácidos serán liberados en el torrente sanguíneo y en este caso, la ratio TRP:LNAA disminuirá, siendo menos probable que el triptófano llegue al cerebro para que se sintetice la serotonina, neurotransmisor con un papel importante en el sueño, la depresión y la ansiedad entre otros.

Varios estudios relacionan un mayor afecto positivo y menor afecto negativo con una dieta (durante 6 semanas) alta en carbohidratos y baja en proteínas (De Castro, 1987; Schweiger et al. 1986).

Por otro lado, seguir una dieta baja en HC y alta en proteínas, aumenta los niveles de cortisol en plasma a lo largo del día en comparación con una dieta alta en HC y baja en proteínas (Anderson et al., 1987). El cortisol está relacionado con el estado disfórico y la depresión.

Además, la función cognitiva también puede verse afectada, ya que la serotonina es clave en la capacidad de respuesta a estímulos del entorno y estresores, en la impulsividad y en el procesamiento de la información (Cowen, 1996; Spoont, 1992).

Como conclusión, queda de manifiesto que el funcionamiento cerebral es totalmente dependiente de los nutrientes que aportamos al organismo mediante la dieta. Así mismo, podemos asegurar la eficacia y efectividad de las dietas bajas en HC. Sin embargo, para determinar su eficiencia será la propia persona quien considere  hasta qué punto está dispuesto a poner en riesgo su bienestar psicológico y la integridad de sus capacidades cognitivas, con el fin de disminuir, en menos tiempo, el índice de grasa corporal.

Todo esto no significa que disminuir la ingesta de carbohidratos de manera controlada y adaptada al estilo de vida y actividad diaria del individuo vaya a ser perjudicial para su funcionamiento cognitivo y su organismo en general, todo lo contrario, encontrar un balance entre los nutrientes que ingerimos y los que necesitamos es una de las claves para nuestro bienestar. Por ello, no está demás que si hemos decidido realizar ciertos cambios en nuestra dieta y sentimos algunos síntomas como: irritabilidad, dolor de cabeza, problemas de memoria, cambios en los hábitos de sueño, etc., tengamos en cuenta que entre las causas más probables de su aparición se encontrarán esos cambios alimentarios.

Referencias Bibliográficas

Anderson KE, Rosner W, Khan MS, New MI, Pang S, Wissel PS y Kappas A (1987) Diet hormone interactions: protein-carbohydrate ratio alters reciprocally the plasma levels of testosterone and cortisol and their respective binding globulins in man. Life Sciences 40, 1761–1768.

Bertenshaw, E. J., Lluch, A. y Yeomans, M. R. (2008). Satiating effects of protein but not carbohydrate consumed in a between-meal beverage context. Physiology & Behavior, 93(3), 427–436.

Brody, S., Keller, U., Degen, L., Cox, D. J. y Schächinger, H. (2004). Selective processing of food words during insulin-induced hypoglycemia in healthy humans. Psychopharmacology, 173, 217–220.

Cowen, P.J. (1996) The serotonin hypothesis: necessary but not sufficient. In Selective Serotonin Re-uptake Inhibitors: Advances In Basic Research and Clinical Practice, 2nd ed., pp. 63–86 [JP Feighner and WF Boyer, editors]. London: John Wiley.

De Castro, J.M. (1987) Macronutrient relationships with meal patterns and mood in the spontaneous feeding behavior of humans. Physiology and Behavior 39, 561–569.

Fernstrom, J.D. (1983) Role of precursor availability in control of monoamine biosynthesis in brain. Physiological Reviews 63, 484–546.

Gibson, E.L. y Green, M.W. (2002).Nutritional influences on cognitive function: mechanisms of susceptibility. Nutrition Research Reviews, 15, 169-206.

McCall, A. L. (2002). Diabetes mellitus and the central nervous system. International Review of Neurobiology, 51, 415–453.

Poppitt, S. D., McCormack, D. y Buffenstein, R. (1998). Short-term effects of macronutrient preloads on appetite and energy intake in lean women. Physiology & Behavior, 64, 279–285.

Schächinger, H., Cox, D., Linder, L., Brody, S. y Keller, U. (2003). Cognitive and psychomotor function in hypoglycemia: response error patterns and retest reliability. Pharmacology Biochemistry & Behavior, 75, 915–920.

Schweiger, U., Laessle, R., Kittl, S., Dickhaut, B., Schweiger, M. y Pirke, K.M.(1986) Macronutrient intake, plasma large neutral amino acids and mood during weight-reducing diets. Journal of Neural Transmission 67, 77–86.

Spoont, M.R. (1992) Modulatory role of serotonin in neural information processing: implications for human psychopathology. Psychological Bulletin 112, 330–350.

Yokogoshi, H y Wurtman, R.J. (1986) Meal composition and plasma amino acid ratios: effect of various proteins or carbohydrates, and of various protein concentrations. Metabolism 35, 837–842.

Elena López Terrones

Doctoranda en Biomedicina/ Máster en Neurociencias/ Graduada en Psicología

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